Mario Pasqualotto «Presagio»

«Atender ya es una forma de conocimiento».

Chantal Maillard

 

Presagio
El presagio es una forma de atención previa, una disposición sensible que se activa antes de que el sentido se cierre, antes de que la experiencia se fije en imagen o en relato. En su origen latino, praesagium enfatiza una apertura hacia aquello que todavía no tiene forma, una manera de dejarse afectar por lo que vendrá sin exigir ninguna concreción. El presagio sostiene un estado de expectación: una tensión sutil entre lo que emerge y lo que aún no puede ser dicho.

Es en este umbral, frágil y activo a la vez, donde se inscribe el trabajo reciente de Mario Pasqualotto. Después de más de cinco décadas de trayectoria, su práctica plástica continúa desplazándose hacia un espacio donde la obra se construye como una experiencia que reclama tiempo, presencia y una cierta disposición del cuerpo. Su relación con el arte povera se manifiesta en la economía de gestos y materiales, en una reducción deliberada capaz de permitir que lo mínimo se vuelva intensamente evocador.

Las cajas de luz que configuran la presente propuesta curatorial crean un espacio donde la luz genera la forma y acompaña sus variaciones. La materia se deja penetrar y, en este proceso, adquiere densidad. Las bolsas de plástico que las ilustran —frágiles, translúcidas y porosas— se convierten en superficies activas, contenedoras de un presente fugaz, a veces escurridizo, que nos remite, sin ornamentos, a la desafectación del ser humano con el entorno natural. Sin embargo, y de manera sorprendente, el resultado se convierte en un gesto poético que transforma la cotidianidad en experiencia sensible, donde la luz y la materia dialogan con el espectador y abren un espacio de atención emancipadora.

Las formas que emergen —abiertas, orgánicas y ligeramente indeterminadas— expresan una feminidad entendida como principio de vida: capacidad de contener, sostener y dejar fluir lo vivo. La figura femenina se inscribe en procesos lentos, en una temporalidad que respeta la forma y permite que evolucione con naturalidad. Vida, cuerpo y materia se articulan en una especie de correspondencia sutil y continua que define la obra con presencia y cohesión.

Este ritmo y esta atención que habitan las formas conectan con el pensamiento de Chantal Maillard, que defiende una experiencia abierta y receptiva, capaz de aproximarse a lo que sucede sin intentar dominarlo. La fragilidad del presente se percibe como un espacio vivo, y aquello que resiste la formulación se convierte en punto de encuentro entre la mirada y la experiencia. El conocimiento, así, no es acumulación ni resultado, sino experiencia continuada, gesto vivo y acto sostenido.

De manera afín, la obra de Pasqualotto genera situaciones en las que el sentido se mantiene en suspenso. El espectador entra en ellas sin un itinerario definido, ajustando la mirada a la luz que varía y a la materia que late. El tiempo se dilata, se vuelve perceptible en una inminencia sostenida. Es en esta atención abierta y sostenida donde el conocimiento emerge como vivencia incesante.

Presagio se despliega como una experiencia temporal abierta. Las obras habitan un espacio intermedio, un estado de atención continuada en el que algo está a punto de revelarse. Esta latencia activa reclama una presencia sin urgencia interpretativa, una mirada dispuesta a sostener la indeterminación como parte esencial de la experiencia.

Frente a la saturación de imágenes y discursos, el trabajo de Pasqualotto recupera una dimensión esencial del arte: la capacidad de transformar la mirada. Una pintura sin pigmentos, una luz que estructura el espacio, materiales frágiles que despiertan una percepción inesperada. La obra no exige comprensión ni resolución; se deja habitar y escuchar, abriéndose solo a quien reposa la mirada, se adentra en su tiempo y se abandona al ritmo sutil e imperceptible de su presencia.

Como escribe Chantal Maillard en La razón estética: “atender ya es una forma de conocimiento”. En este gesto de atención sostenida —a lo que aparece, a lo que aún no tiene forma, a lo que permanece abierto— se encuentran el pensamiento y la práctica artística. El presagio no es anuncio ni promesa: es presencia, una manera de permanecer cerca de lo que sucede, justo antes de que el sentido se cierre.

Natàlia Chocarro

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